El pan, alimento de hombres y dioses

Parece mentira que existan tantos tipos de pan, con tan sólo cuatro ingredientes básicos, el pan ha tomado distintas formas, texturas y sabores hasta el punto que es uno de los alimentos más diversificados de todos los elaborados existentes. Las culturas, las tradiciones, y las características culinarias de las regiones inducen diversas variantes respecto a los ingredientes; casi siempre la elaboración del pan de una forma determinada y proporciona un carácter propio y característico a una región, o a una gastronomía.
De la importancia del pan para la vida y la cultura de los pueblos da cuenta el hecho de que participa en muchos rituales religiosos y sociales: la hostia en la eucaristía cristiana, el matzoh en la pascua judía, el rito de bienvenida de los pueblos eslavos que involucra el pan y la sal, etcétera. En el ámbito laboral hay que reseñar que para los egipcios era tan importante que se consideraba como una moneda para pagar los jornales.

Al buen pan, al artesano, al hecho cada día por lo panaderos, a ese pan que se puede aprovechar de un día para otro, le ha salido un enemigo dentro de sus propias filas, por así decir: el pan industrial, el pan precocinado y prefermentado. Es ese pan que se vende esas cadenas de panaderías frías y asépticas, que se hornea al momento, que el consumidor se lo lleva a casa calentito y que al cabo de un par de horas ya no hay quien se lo coma (no digamos ya de un día para otro). Es ese pan que acaba su proceso de elaboración en nuestro estómago con los problemas de salud que eso va a ocasionar a la larga. Dicho de otra manera; eso no es pan, es un sucedáneo de pan, de la misma forma que las ‘gulas’ no son angulas.

El por qué de tanta variedad en la elaboración del pan hay que encontrarla en el Imperio Romano y en su posterior caída. Hay que recordar que su nombre proviene del latín ‘pannus’, que significa ‘masa blanca’.
Para los legionarios romanos el pan era un alimento habitual y era corriente que su dieta fuese en gran medida aceitunas y pan. A estos se les entregaba tres libras de trigo al día que trituraban en un molinillo de mano. De la harina resultante se hacía el bucellatum (pan con forma de anillo) y se metía en el horno. En algunas regiones que no formaban parte del imperio como Alemania o Suecia algunos habitantes, que habían combatido en el ejército romano, adoptaron el consumo de pan, y de aquí se extendió a amplios sectores de la población. Una de las implicaciones de este gran consumo de pan durante el Imperio romano fue el importante negocio que tuvo el cultivo y comercio del trigo.
Con la caída del Imperio romano se produjo un desabastecimiento de trigo en casi toda Europa, que ya se había acostumbrado de manera masiva a su consumo. Las exportaciones hacia el norte desaparecieron por completo. En Escandinavia, ante la escasez de trigo, la población tuvo que acostumbrarse a elaborar panes de centeno y de cebada, siendo corriente que se le añadiese a la masa corteza de pino molida.

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