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Ensalada de naranja y bacalao

Una receta de origen andaluz donde se compagina la frescura y el dulzor de la naranja con lo salado del bacalao. Muy fácil de hacer y un éxito seguro en la mesa. Como siempre la genialidad de la sencillez.

Ingredientes:

3 naranjas
2 cebolletas
Aceitunas negras muertas
Bacalao desalado
Aceite de oliva virgen extra
Ajo o ajetes tiernos

Elaboración:

Untar un bol con el ajo o bien cortar en juliana los ajetes, añadir la naranja y mezclar con la cebolleta juliana, las aceitunas negras muertas sin hueso y el bacalao desmigado en trozos gordos.

Aliñar con el aceite de oliva.
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Ensalada de aguacate y cortezas de cerdo

Xavier Gutiérrez es un hombre que vive por y para la cocina. Pero este profesional de los fogones, que en la actualidad trabaja en el Restaurante Arzak de San Sebastián, donde se dedica a investigar en nuevos platos, y en algún sitio más, por ejemplo en el Basque Culinary Center; también tiene otros intereses y él mismo se define como psicólogo (esta licenciado en esta rama del conocimiento) y pensador.

Desde hace cinco meses Xavier Gutiérrez ha abierto su blog personal donde expone las amplias posibilidades de cocinar; desde lo más sencillo hasta lo más intrincadamente complejo.

Una receta fácil, de esas que sirven para iniciarse en el mundo de la cocina, y a la vez triunfar ante los comensales y sentir la satisfacción de los bien hecho, es esta Ensalada de aguacate y cortezas de cerdo, que aquí traemos.


Ingredientes

2 aguacates maduros
1 cebolla pequeña cortada en tiras
30 gr de aceite de oliva
Perejil picado
20 gr de cortezas de cerdo
Medio tomate pequeño cortado en cuadraditos
Sal y pimienta


Elaboración

Pelar los aguacates y retirar el hueso. Mezclarlos con los demás ingredientes menos las cortezas de cerdo. Depositar en cada plato y decorar con las cortezas crujientes. Servir a temperatura ambiente.

El único misterio de este plato es conseguir que los aguacates no tengan la consistencia dura de una patata. Es decir, que estén maduros. Que a una ligera presión de los dedos en la superficie esta ceda levemente,… pero sin pasarse porque si están como un puré tampoco están buenos.

Foto: Mikel Alonso
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Arroz caldoso con almejas, sólo se necesita paciencia

En la elaboración de este plato sólo necesita paciencia, que es el único ‘secreto’ de esta receta, pues hay que estar un buen rato dándole vueltas. Por lo demás no tiene ninguna complicación y el resultado es espectacular.

Ingredientes:

200 grs de arroz (tipo bomba o Arroz Sos de grano corto)
½ cebolla
½ pimiento verde
Vino blanco
1 litro de caldo de pescado
1 docena de almejas
Aceite
Sal



Elaboración:

Antes de ponerse a hacer esta receta (una hora antes más o menos), si no se tiene caldo de pescado hay que hacer uno: en litro y medio de agua se ponen verduras (zanahoria, perejil, las ramas verdes de los puerros,...), unos granos de pimienta negra y las pieles y las espinas del pescado que más rabia nos dé. Se añade sal y se deja cocer. Habrá que ir desespumando el caldo a medida que se vaya haciendo. Para que no vayan impurezas al arroz es conveniente poner un colador grande dentro de la olla e ir sacando de ahí el caldo.

En este momento poner también las almejas en agua.

Picar muy fina la cebolla y el pimiento y ponerlos a pochar con un poco de aceite en una cazuela a fuego lento.

A los diez minutos, añadir los 200 grs. de arroz y saltearlo, subiendo el fuego. Añadir una copa de vino blanco. Bajar el fuego a un nivel medio y añadir un cazo de caldo de pescado. Dar vueltas hasta que el arroz integre el caldo. A medida que el caldo se consume se le va añadiendo más. Este proceso de integración del caldo en el arroz y añadir más caldo debe durar uno 20 minutos. No hay que dejar de dar vueltas al arroz, que debe quedar cremoso, en ningún momento.

Comprobar el punto de sal y añadir las almejas limpias dos minutos antes de acabar la cocción.


Alternativas:


El vino blanco se puede sustituir por txakoli, sidra,... o cualquier alcohol suave.

A los que les guste el picante, pueden añadir una guindilla al inicio de la elaboración, junto con la cebolla y el pimiento.

Las almejas se pueden sustituir por otros pescados (rape,...) o mariscos.
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Tortilla de Patatas, un monumento gastronómico

La Tortilla de Patatas, así con mayúsculas, es un monumento mundial de la gastronomía. Esta receta concentra en si misma todo lo bueno, lo rico, lo sabroso lo sencillo y lo genial que tiene una receta de cocina. No hay nadie que teniendo todas sus facultades intelectuales y organicas en buen estado al que no le guste este extraordinario plato de la cocina española.

La Tortilla de Patatas se divida en dos grandes tradiciones culinarias bastante enfrentadas e irreconciliables en la mayoría de las ocasiones; los que consideran que debe llevar cebolla y los que no. Aquí va una receta cebolleta, pero si no se le añade no pasa nada.


Ingredientes:

½ k. de patatas de freir (tipo Monnalisa)
4 huevos
1 cebolleta grande
Leche
Sal

Elaboración:

Pelar las patatas y cortarlas laminándolas. Picar finamente la cebolleta.

Poner abundante aceite en la sartén.

Agregar, en frío, las patatas y la cebolleta picada y dejarlas confitar a fuego medio. Al menos, deberán estar unos veinte minutos.

Sacar a un plato las patatas y las cebolletas confitadas para que escurran el aceite.

Batir los huevos y añadirle las patatas y cebolletas. Mezclar todo bien y dejar reposar unos minutos.

En una sartén, con un poco de aceite muy caliente, incorporar la mezcla anterior. Revolver todo para que se mezcle bien. Dejar cuajar un minuto.

Darle la vuelta a la tortilla ayudado de un plato.

Volver la tortilla a la sartén y dejarla hasta que cuaje la parte de abajo.


Alternativas:

En vez de cebolleta, se pueden usar cebollas y chalotas.

A los huevos se les puede añadir un poco de leche o nata para que quede todo más esponjoso.

La tortilla de patatas admite otros muchos ingredientes; pimientos verdes y rojos, zanahorias, puerros, jamón cocido, chorizo, etc.
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El pan, alimento de hombres y dioses

El pan es el gran invento culinario de la humanidad. Si hay un producto que ha quitado el hambre a los hombres desde su aparición en la tierra ese ha sido el humilde pan, un producto elaborado con dos ingredientes básicos: harina de cereales y agua. La sal es un componente opcional que se emplea para dar sabor y fortalecer la masa. La mezcla en algunas ocasiones suele contener levaduras para que fermente la masa y sea más esponjosa y tierna. El cereal más utilizado para su elaboración es la harina de trigo, aunque también se utiliza el centeno, la cebada, el maíz y el arroz entre otras muchas posibilidades.

Parece mentira que existan tantos tipos de pan, con tan sólo cuatro ingredientes básicos, el pan ha tomado distintas formas, texturas y sabores hasta el punto que es uno de los alimentos más diversificados de todos los elaborados existentes. Las culturas, las tradiciones, y las características culinarias de las regiones inducen diversas variantes respecto a los ingredientes; casi siempre la elaboración del pan de una forma determinada y proporciona un carácter propio y característico a una región, o a una gastronomía.

De la importancia del pan para la vida y la cultura de los pueblos da cuenta el hecho de que participa en muchos rituales religiosos y sociales: la hostia en la eucaristía cristiana, el matzoh en la pascua judía, el rito de bienvenida de los pueblos eslavos que involucra el pan y la sal, etcétera. En el ámbito laboral hay que reseñar que para los egipcios era tan importante que se consideraba como una moneda para pagar los jornales.Desde hace muchos años al pan se le ha creado mala fama, debido sobre todo a la idea de que su consumo engordaba. Da igual que esta idea sea falsa, pero lo cierto es que ha calado entre los consumidores y la prueba de ello es que su consumo se ha reducido de una manera significativa; así por ejemplo, en la actualidad, cada español consume al año de media cerca de 46 kilos de pan, mientras que en 1987 se consumían más de 65 kilos y en 1999 se llegaba hasta los 58 kilos. Sin embargo, como la práctica totalidad de los médicos afirman, el pan es el alimento que mejor contribuye al equilibrio nutricional, ya que suministra una parte importante de los hidratos de carbono de la dieta, fibras, minerales y vitaminas. Sin contar que no se trata de una alimentación rica en grasas o azúcares, por lo que el pan en sí mismo no solo no engorda, siempre que la dieta y los hábitos de vida sean buenos, sino que contribuye a una dieta más saludable.

Al buen pan, al artesano, al hecho cada día por lo panaderos, a ese pan que se puede aprovechar de un día para otro, le ha salido un enemigo dentro de sus propias filas, por así decir: el pan industrial, el pan precocinado y prefermentado. Es ese pan que se vende esas cadenas de panaderías frías y asépticas, que se hornea al momento, que el consumidor se lo lleva a casa calentito y que al cabo de un par de horas ya no hay quien se lo coma (no digamos ya de un día para otro). Es ese pan que acaba su proceso de elaboración en nuestro estómago con los problemas de salud que eso va a ocasionar a la larga. Dicho de otra manera; eso no es pan, es un sucedáneo de pan, de la misma forma que las ‘gulas’ no son angulas.

Frente a esa plaga se han levantado un buen número de artesanos panaderos que reivindican no sólo el pan de cada día, sino también una forma de hacer y elaborar el pan que significa también rescatar variedades de pan que han estado a punto de desaparecer. Hay que recordar aquí que sólo en España existen hasta 315 variedades de pan. La variedad más consumida es la barra o pistola (como se conoce en Madrid), la siguiente en el puesto es la baguette, procedente de Francia, le sigue la chapata, de origen italiano que rivaliza con el tradicional pa de pagés catalán.

El por qué de tanta variedad en la elaboración del pan hay que encontrarla en el Imperio Romano y en su posterior caída. Hay que recordar que su nombre proviene del latín ‘pannus’, que significa ‘masa blanca’.

Para los legionarios romanos el pan era un alimento habitual y era corriente que su dieta fuese en gran medida aceitunas y pan. A estos se les entregaba tres libras de trigo al día que trituraban en un molinillo de mano. De la harina resultante se hacía el bucellatum (pan con forma de anillo) y se metía en el horno. En algunas regiones que no formaban parte del imperio como Alemania o Suecia algunos habitantes, que habían combatido en el ejército romano, adoptaron el consumo de pan, y de aquí se extendió a amplios sectores de la población. Una de las implicaciones de este gran consumo de pan durante el Imperio romano fue el importante negocio que tuvo el cultivo y comercio del trigo.

Con la caída del Imperio romano se produjo un desabastecimiento de trigo en casi toda Europa, que ya se había acostumbrado de manera masiva a su consumo. Las exportaciones hacia el norte desaparecieron por completo. En Escandinavia, ante la escasez de trigo, la población tuvo que acostumbrarse a elaborar panes de centeno y de cebada, siendo corriente que se le añadiese a la masa corteza de pino molida.
En la Edad Media empezaron a elaborarse distintos tipos de pan ante la escasez de trigo. El pan blanco era un privilegio de los ricos y el pan negro de cebada, centeno o avena era para el resto de la población. Se hacía a mano, en el propio hogar o en hornos públicos. Es este momento cuando en la elaboración del pan empezó a emplearse algún tipo de maquinaria. Con el paso de los siglos, el pan fue sufriendo mejoras en su molienda y su horneado, pasando de ser un producto elaborado artesanalmente a un producto industrial.
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Crema de calabaza; una triple A de facilidad

Otra receta muy fácil. Esta es para lactantes de dos años máximo. Hay que trabajar un poco más pero no se les van a caer los anillos. Sale bien aunque se quiera hacer mal. Fácil, sencilla, sabrosa. Es de las que da el pego de que parece que ya se domina algo el intrincado y movedizo mundo de la gastronomía.

Ingredientes:

1/2 kg de calabaza roja
2 cebollas
2 zanahorias
1 puerro
1 diente de ajo
1/2 pimiento verde
1 vasíto de tomate natural hecho
2 patatas nuevas
1/2 vaso de aceite
agua
sal
Elaboración:

Pica la verdura y ponía a rehogar en una cazuela con el vaso de aceite a fuego lento.

Mientras, saca la carne de la calabaza y córtala en trozos como la verdura. Haz lo mismo con las patatas. Cuando la verdura empiece a dorar, añade la calabaza y las patatas. Rehoga todo un poco con las verduras y añade agua hasta que lo cubra.

Sazona y añade el vasito de tomate.

Mantenlo a fuego lento durante una hora aproximadamente.

Cuando esté hecho, pásalo por la batidora y luego por el chino, para que quede una crema suave al paladar.
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Sopa sencilla, una receta para lactantes

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Para qué complicarse la vida si con una receta tan extremadamente sencilla se puede quedar como un rey. Esta Sopa sencilla es tan fácil que hasta un lactante de pocos meses podría hacerla. Y es buena de las de verdad.

Si alguien le tiene miedo a cocinar, con una receta como esta se le pierde cualquier tipo de temor que se le pueda tener a la cocina, porque salvo catástrofe monumental, despiste apocalíptico o... bueno no se me ocurre qué, esta receta no sale mal.

Ingredientes:
3/4 de litro de caldo de pollo
100 g de jamón curado
1 tomate
2 cebolletas
4 dientes de ajo
2 puñados de fideos
aceite
sal

Con estos simple ingredientes se hace una sopa rica de verdad

Elaboración:
Pochar en una cazuela con aceite los ajos, la cebolleta y el tomate bien picados. Cuando estén listos, añade el jamón troceado. Sofríe y agrega el caldo. Cuando comience a hervir, añade el fideo y deja que hierva unos 5 minutos. Pon a punto de sal y sirve.

Alternativas:
Hay caldos de ave en el mercado que están muy bien, y si aún así no le encuentra o quiere usarlo porque es de los que están contra este tipo de productos, sirve el agua.
Se le puede agregar una pastilla de sopicaldo.
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Sopa de pescado "Donostiarra", un clásico de la cocina

La sopa de pescado es un clásico de la cocina vasca, que siempre gusta a los comensales y que como dice un 'monstruo' de la cocina y la comunicación es "rico, rico, rico". Si siguen la receta les saldrá buena de verdad.

Ingredientes:
1 cebolla
2 zanahorias
1 puerro
1 trocito de apio
500 gr. de pescado, espinas y cabezas de pescado
500 gr. de gambas
1 rape
300 gr. de almejas
150 gr. de pan sopako o pan viejo
2 tomates maduros
2 dl. de aceite sal
Para el caldo de pescado:
1/2 cebolla, verde del puerro, chorrito de vino blanco, rabos de
perejil, bolas de pimienta, espinas de pescado.
Preparación:

Preparar en una olla un caldo de pescado con 2 litros de agua, y añadirle el verde del puerro, 1/2 cebolla, perejil, 1 zanahoria, bolas de pimienta y un chorrito de vino. Cuando lleve 10 minutos hirviendo, añadirle las raspas de pescado, y dejar que vaya cociendo a fuego medio durante un buen rato, al menos media hora, para que coja sabor.

En otra olla rehogar el blanco del puerro, ½ cebolla y una zanahoria. Pochar a fuego medio, unos 20 minutos, vigilando para que no coja color.

Añadirle las peladuras y cabezas de las gambas y rehogar muy bien hasta que se empapen bien los sabores. Flambear con coñac. Seguir rehogando.

Añadir el tomate maduro y el pan sopako (se puede sustituir por pan duro y tostado al grill del horno).

Mojar con el caldo de pescado, tapar y dejarlo hervir a fuego medio de 20 a 30 minutos.

Pasar por el turmix o la batidora y a continuación colarlo con el chino.

Levantar la sopa al fuego hasta darle un nuevo hervor, desespumar y darle el punto de sal.

Añadir las gambas peladas, el rape cortado en trozos pequeños y las almejas, que se habran abierto en un minuto en una sartén a fuego vivo y con un poco de vino blanco.

Consejos:
Esta mejor de un día para otro, y al dejarlo descansar es mejor poner la cazuela un poco inclinada. De esta manera se evita que la sopa fermente y se nos estropee.
No utilizar pescados grasos como chicharro, atún...
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